Hay algo que hace eco, que nunca nadie va a entender, o capaz ni yo logré entender. En qué estaba pensando ese día que patié de mi vida de un día para el otro, si después iba a ser yo la que no iba a poder seguir adelante, si después iba a ser yo la que no iba a poder dejar de pensarte, si después iba a ser yo la única que se olvide el pequeño detalle de olvidarte.
Algo pasa y no me entiendo, como si sintiera que esto que late acá dentro todavía es nuestro, ya ni siquiera mio, ya ni siquiera tuyo, es de los dos y siempre será de los dos. Como que una parte de mi alma se quedó ahí varada, en el lugar donde dijimos nuestras últimas palabras y sequé tus últimas lágrimas. Como que me quedé allí, en eso, en ese momento en el que tenías el corazón que se te desangraba, que no parabas de preguntarme ¿Porque hiciste eso, porque? Y yo es el día de hoy que no puedo respondertelo, ni tampoco a mi, y ya no sé. No sé como seguir.
Ya no sé como aceptar y decir "Y bueno, las cosas no suceden porque sí, habrá que volver a salir a vivir", porque, aunque ya tenga muy en claro que nada de lo que nos pasa es casual, que de todo lo malo debemos aprender algo que creo ya aprendí, no me sirve esa estúpida idea que no todo pasa porque sí. Y si, ya sé porque pasó. Porque andaba muy ocupada mirando mi ombligo y me olvidé de pispear que te estaba pasando a vos, porque mis impulsos me juegan en contra y soy malísima dejando pasar el reloj, ya que "andando el carro se acomodan los melones", pero no, ella quería acomodarlos con sus propias manos y de inmediato, por no soportar vernos tan fríos y lejos como nos ví, y al ver que no me ayudabas, revoleé el carro a la mierda, pisé todos los melones hasta estallarlos, y me fui, deseando que no vuelvas a buscarme para no hacerme dudar ni caer en lo que hice, me fui, para no volver más. Para no vernos así.
Y acá me ves, demasiado tiempo después, escribiéndote porque hoy soñé con vos, como muchas otras veces más, lo que estoy cansada de soñar: que volvés. Que volvés a decirme que sin mi nada es igual, que lo nuestro fue tan único que aunque te rompí el corazón lo querés volver a intentar. Y yo en el sueño muero de miedo, y aterrorizada de que no sea cierto te tomo la mano una vez más, y me vibra el alma, y siento tantas cosas que no podría explicar ni en un millón de hojas. Y ahí es cuando despierto. Y mi vida se hace chiquitita y miserable del tamaño de un botón. Y no entiendo, no entiendo qué hice tan mal como para no poder superar que no hayas vuelto. No entiendo como quedé atrapada en este mar de recuerdos, cuando vos encontraste una isla, te salvaste, y comenzaste de cero. Y lo peor de la historia, no es que ahora te veo feliz y sé que encontraste por fin alguien para tí, no. Ahora te veo comprando y vendiendo amor, y tratando de hacer como que nada pasó. Y creo que te lo estás creyendo hasta vos.
Y yo mientras intento convencerme de que el amor de mi vida no fuiste vos, que ya vendrá, que eramos chicos, que que se yo... Solo para dejar de levantarme un día y darme cuenta que solo fue un sueño lo que nos unió a los dos, que hoy en día no sé ni quien sos... Y lo intento, intento esconder lo que me hace acordar a vos, intento callar mis ganas de saber como estás, mis sueños que donde de la nada, vos regresás. Y vos, para colmo, sin dudarlo, me decís que aún hoy, aún después de haber empezado de cero, nada fue tan fuerte y único como lo que nos pasó a nosotros dos. ¿Y entonces que tengo que hacer yo? Porque se me complica aún más dejar de sentir que algo, no sé muy bien qué, ni sé muy bien donde, late, late en nombre de nosotros dos. De esa mágica combinación de vos y yo.
lunes, 5 de noviembre de 2012
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